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Relectura: un viaje hacia el pasado

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La relectura como regresión

La relectura como regresión

El australiano Oscar Schwartz publica en The Paris Review un artículo titulado "Contra la relectura". Los lugares comunes llevan a ver la relectura como una virtud, como el perfeccionamiento de la lectura. Sin embargo, tanto Schwartz como el autor de este artículo estamos en desacuerdo con esta idea.


Una comunidad literaria aburrida

Imagine una comunidad donde todos leen el mismo libro una y otra vez. Como en la novela Fahrenheit 451 de Bradbury, la relectura se convierte en un bálsamo para la decadencia cultural. Es una visión conservadora de la literatura, que busca reafirmar la tradición en lugar de explorar lo nuevo.


El placer de lo nuevo

No hay mayor placer que descubrir un poema genial por primera vez. Ese momento en que algo cambia en nuestra vida y nuestra perspectiva es único. La relectura no puede capturar esa magia. Como dice Schwartz, es como tratar de revivir el primer placer de la lectura, algo que resulta inútil y que, en última instancia, puede arruinar la experiencia de la lectura.


La repetición como pérdida

La compulsión de releer es un camino hacia la pérdida y el fracaso. Es una regresión a un estado infantil, según describe Margaret Atwood, similar a chuparse el dedo o usar bolsas de agua caliente. La novedad, por otro lado, abre camino hacia el placer en la vida adulta, según Freud.


En contra de los lugares comunes

La relectura se presenta como un hábito academicista y conservador. Los defensores de la relectura suelen ser personas mayores que anhelan el pasado. Como en el cuento "Noches blancas" de Dostoyevski, buscan revivir momentos felices pasados, pero terminan arruinando la lectura en sí. Es hora de dejar atrás los lugares comunes sobre la relectura y abrazar el placer de lo nuevo.