Ticker

6/recent/ticker-posts

Ad Code

Responsive Advertisement

Memorias personales, una búsqueda compartida

03_11_2024_piotr_cieplak_xpiotrcieplak_g

Recuerdo personal, búsqueda colectiva

Recuerdo personal, búsqueda colectiva

El nuevo libro de Piotr Cieplak, Familiar Faces (Rostros familiares), explora la relación entre la violencia extrema y la imagen fotográfica. El compilador, escritor y cineasta polaco se centró en la dictadura cívico-militar argentina y el genocidio de 1994 contra los tutsis en Ruanda, para indagar en la memoria colectiva que dejan las fotografías.


Una investigación de quince años

El libro es el resultado de una investigación de más de quince años, llevada a cabo por el polaco Piotr Cieplak. La obra reúne ensayos de investigadoras argentinas expertas en el tema, como María Eleonora Cristina, Cora Gamarnik y Ana Longoni, entre otras.

Además de su faceta como escritor, Cieplak es profesor en la Universidad de Sussex, tras doctorarse en Filosofía en la Universidad de Cambridge.


Fotografía y memoria

El libro indaga en la relación entre la fotografía y la memoria, en el contexto de la dictadura argentina y el genocidio de Ruanda. Según explica el propio Cieplak, la idea central es analizar la doble función de las fotografías de desaparecidos: por un lado, son imágenes de individuos específicos y, por otro, se convierten en símbolos colectivos.

Esta tensión se da entre lo privado y lo público, lo real e imaginado, lo personal y lo político. Las fotografías, en principio tomadas para recordar historias personales, terminan siendo herramientas de política y activismo.


Dos contextos, un mismo recuerdo

Al comparar el genocidio ruandés con el argentino, Cieplak destaca que mientras el primero fue público y rápido, la violencia en nuestro país fue clandestina y se extendió en el tiempo, pero con un resultado similar: la desaparición forzada.

En ambos casos, la fotografía se convierte en expresión de duelo, recuerdo y búsqueda. Como señala Roland Barthes, las imágenes fotográficas son la "evidencia de que eso ha sido".


La imagen, entre lo privado y lo público

Las fotografías de los desaparecidos argentinos provenían en su mayoría del ámbito privado: imágenes de vacaciones, bodas, nacimientos. Esos registros familiares se convierten en herramientas de denuncia y búsqueda, cambiando su función original por una necesidad colectiva.

Como señala Ana Longoni, las fotografías de los familiares de los desaparecidos y las tomas de los fotógrafos de prensa, se convierten en iconos en la lucha por los derechos humanos, ante la negación oficial de los hechos.


El arte al servicio de la memoria

Según Natalia Fortuny, también hay que considerar las imágenes creadas por artistas, que "investigan y visibilizan la relación con el pasado traumático". Es el caso de obras de Gerardo Dell’Oro, Helen Zout, Gabriel Orge y Lucila Quieto, donde la fotografía combina su condición de huella de lo real con un uso metafórico.

Por su parte, María Eleonora Cristina destaca el papel de las imágenes en la documentación y narración de los centros clandestinos de detención, como "puentes de significado entre el pasado brutal y el presente".


Una herramienta de activismo

En Familiar Faces, Cieplak afirma que las fotografías aparentemente inocentes y personales, se transforman en "poderosas herramientas de política, activismo y memoria". Un ejemplo de ello es su película (Des)Aparecer, que utiliza el documental como herramienta de investigación.

La obra cuestiona las ideas sobre la presencia y la ausencia, y sigue los pasos de Ana Iliovich, sobreviviente del centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba.

La película indaga en los retratos familiares de Iliovich, tomados durante los permisos que obtenía para visitar a sus padres, y en cómo esos registros se convierten en testimonios de un pasado que insiste en el presente.


Una memoria que persiste

Para Cieplak, es sorprendente cómo, después de cuarenta años, las imágenes de los desaparecidos continúan su viaje de lo privado a lo público. "Este pasado también es presente", afirma el escritor, lamentando la actual fuerza de los discursos negacionistas.

Las fotografías se convierten así en un recordatorio de que "eso insiste y persiste todavía".