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El velo del ambicentrismo: Descubriendo su esencia

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Descorriendo el velo del ambicentrismo

Opinión

Descorriendo el velo del ambicentrismo

Por Cecilia Schneider y Giselle González

domingo 05 de enero de 2025

En un mundo que camina hacia la falta de certezas y valores compartidos, donde lo irracional y bélico parecen plantar bandera, se trazan escenarios cada vez menos románticos que habilitan liderazgos deshumanizantes. Estos liderazgos, en su retórica y práctica, lanzan esquirlas sobre nociones de bienestar general como horizonte gubernativo. La pregunta que se imponen estos liderazgos neomesiánicos es si realmente podemos construir una comunidad de iguales a largo plazo, teniendo en cuenta la demanda de cambio constante en una era donde la disrupción tecnológica parece dominarlo todo.


La Argentina representa hoy uno de los máximos exponentes de la necesidad apremiante de victoria como única vía de salvación. El Ejecutivo profundiza una deriva autocrática que, en su afán de poder, busca condicionar tropas propias y ajenas para no perder capital político de cara a las elecciones intermedias. El avance de un poder central que utiliza un lenguaje común para explotar relatos que combinan miedos, resentimientos e incluso el amor propio, contrasta con una significación victimista de la realidad que asumen los liderazgos subnacionales y de la oposición no “dialoguista” en general. Esto no le gusta a los autoritarios.


El periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia, es por eso que molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. La apelación al fantasma del “comunismo/socialismo” engloba tal diversidad de actores que satura el binomio amigo-enemigo y redefine las posiciones cuando nadie quiere quedar afuera. A pesar de esto, el gobierno ha demostrado efectividad en el manejo del relato, recordándonos la frase de Hitler citada por Linz, en La quiebra de las democracias (1978): “Yo por mi parte he simplificado los problemas reduciéndolos a la fórmula más simple. Las masas lo reconocieron y me siguieron”.


El conocimiento acumulado y la experiencia internacional dan cuenta del poder que obtienen los gobiernos subnacionales gracias a su proximidad con la ciudadanía. En Argentina, esta cercanía se vio favorecida por la expansión de las universidades nacionales, que resultó en un factor de urbanidad, y el rediseño de las ciudades durante la pandemia, que obligó a mejorar el liderazgo y a articular con instituciones territoriales.


Como resultado, emergen liderazgos conscientes de los desafíos que los rodean, con un historial negativo de experiencias políticas. Desde el retorno a la democracia en 1983 hasta la actualidad, se han sucedido seis crisis importantes con impacto directo en los ámbitos subnacionales: la crisis de inflación de 1989, la de fines de los 90 que culminó en el estallido del sistema político en 2001, la financiera de 2008, la crisis de deuda y el retiro parcial del Estado en 2018, la pandemia en 2020 y la actual, caracterizada por el retiro brusco del Estado en funciones vitales como educación, salud, ciencia e infraestructura.


Ante esto, ciertos distritos deciden tomar distancia de la política nacional. Además, crece una agenda de actuación local que trasciende los colores políticos, con claros ejemplos en las jurisdicciones de Santa Fe, Córdoba, Formosa, Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Buenos Aires. Estas jurisdicciones tienen sus propios problemas y, en cierta medida, presentan una lógica completamente distinta a la agenda metropolitana, la cual no puede extrapolarse a culturas y geografías diversas.


Así, se refuerza una tendencia hacia la producción de cambios locales que mejoran la vida de ciertos colectivos, los cuales no necesariamente tienen que servir a otros. Esta salida hacia la heterogeneidad contrasta con las reformas descentralizadoras de los años noventa, cuando Menem crea a los “actores” subnacionales mediante la delegación de funciones que antes desempeñaba el Estado nacional. Son los “hijos” de aquellas reformas las que hoy se alejan de sus padres liberales y desafían el mandato verticalista de “escalabilidad”.


Este escenario mosaico, con un frontman central y poderes subnacionales que muestran capacidades autonómicas en los hechos, deja entrever algunos retos futuros relacionados con la estructura jurídico-normativa de las provincias. En primer lugar, la innovación requiere calidad institucional, que solo se construye en clave relacional. En segundo lugar, es indispensable replantear la estructura tributaria a la luz de la nueva emergencia territorial y el aumento de la discrecionalidad del poder central, cuya gestión entra en su segundo año sin presupuesto aprobado.


Por último, está la demanda ciudadana desarmada a nivel nacional. La fragmentación del federalismo frente al goce del individualismo es el fundamento clave del régimen libertario. Resolver estos retos dependerá de lo que estemos dispuestos a tolerar.


Las predicciones políticas siempre tienen un margen de error, y los científicos sociales aman en exceso las crisis y revueltas, ya que ofrecen una textura más atractiva para ser analizadas. Sin embargo, si no nos ocupamos pronto de la democracia, estaremos frente a una profecía autocumplida que dice “entre todos la mataron y ella sola se murió”.

* Socióloga, directora Impulsar
** Politóloga. Red de Mujeres Politólogas