
Brasilia, una ciudad deshabitada
Selva Almada camina por las calles de Brasilia y tiene la impresión de que la ciudad está deshabitada. Es como si se encontrara en una maqueta a la que solo de vez en cuando se agregan muñecos para dar la apariencia de vida. La autora describe una ciudad extraña, con edificios enormes y similares entre sí, que alojan ministerios. El cielo está gris y llueve, agregando un toque aún más misterioso al paisaje.
La biblioteca nacional y el museo
Al lado del rectángulo de la biblioteca nacional, Almada se encuentra con una cúpula que parece una nave interplanetaria. La biblioteca alberga una exposición sobre la historia del libro y la literatura, con un enfoque especial en la lectura. La parte superior de la exposición cuenta con instalaciones interesantes, como una mesa para el té acompañada por ilustraciones de Alicia en el País de las Maravillas y fragmentos de obras literarias que se leen en altavoces.
La catedral de Brasilia
La catedral de Brasilia, subterránea, es otra de las curiosidades arquitectónicas de la ciudad. Su cúpula se asoma rasando el suelo y en su altar se venera a Nossa Senhora da Aparecida, la patrona de Brasil. Los jardines acuáticos del Palacio Itamaraty contrastan con la modernidad de sus arcos.
El plano de Brasilia
El plano de la ciudad tiene diferentes interpretaciones. Para algunos parece un avión, para otros una mariposa, pero para la autora tiene forma de libélula. Este insecto parece haber aterrizado en las plantas acuáticas que adornan los jardines de Itamaraty.
Una ciudad que no agrada a los autoritarios
Almada señala que el periodismo profesional y crítico es esencial para la democracia, y por eso molesta a quienes creen tener la verdad absoluta. Brasilia, una ciudad moderna y peculiar, parece ser un ejemplo de ello. Su arquitectura y su atmósfera única no son del agrado de los regímenes autoritarios.
La nota fue escrita por Selva Almada y publicada en Perfil.com.