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Trump y Gaza: Una fantasía peligrosa

President Trump Holds Press Briefing

Trump y su fantasía sobre Gaza

Trump y su fantasía sobre Gaza

Por Irma Argüello

Las recientes declaraciones de Donald Trump sobre un supuesto "takeover" de Estados Unidos sobre Gaza son un delirio geopolítico. Plantea hacerlo sin los palestinos, como si fuera un simple proyecto inmobiliario. Pero la realidad es otra: los Estados árabes a los que imagina enviar a los palestinos han rechazado la posibilidad.

Lo más preocupante es el contexto. El cese del fuego es precario y las tensiones siguen aumentando. Cuesta creer que sea solo una bravuconada retórica, pero es un ejemplo del tono que ha adoptado Trump desde su regreso a la Casa Blanca.

No es la primera vez que Trump cree que la geopolítica funciona como una venta de torres en Manhattan. Es coherente con su idea de comprar Groenlandia, presionar a sus aliados comerciales de NAFTA, México y Canadá, e incluso su insistencia en revisar el control del Canal de Panamá.

Un juego peligroso

Trump no parece entender que en Medio Oriente no todo se resuelve con dinero o fuerza. Hay factores históricos, religiosos y culturales que permanecen subyacentes y que afloran constantemente. Es un juego peligroso ignorar estos factores.

Algunos celebrarán las declaraciones de Trump por ideología o intereses propios, pero otros están sacando sus conclusiones y moviendo sus piezas. La brutalidad con la que Trump aborda los conflictos geopolíticos puede ser contraproducente. Puede fortalecer el apoyo internacional a los palestinos y reforzar la posición de rivales de EE.UU. como China, Irán y Rusia.

Un ejemplo de ello es la salida del acuerdo nuclear con Irán, que hoy está a pocos días de tener su propia bomba nuclear. Tampoco su acercamiento con Corea del Norte ha parado su programa de armas nucleares.

Consecuencias

Las palabras tienen consecuencias. Debilitan la credibilidad de Estados Unidos y crean incertidumbre entre sus aliados. En este contexto, Argentina debería evitar una política de alineación automática con EE.UU. y siempre actuar bajo la brújula de sus verdaderos intereses nacionales.

La gran pregunta es cómo reaccionarán las instituciones estadounidenses ante estos arrebatos. Es evidente que Trump se ha propuesto hacer temblar el mundo, pero la historia muestra que esto tendrá un alto costo. Queda la incertidumbre de quiénes lo pagarán.